Tiendas de Play, directo de la Memory Card...
- Scott Mizuno

- 10 dic 2019
- 4 min de lectura
Hoy luego de pasar por un jugo en la mañana me encontré con el dueño de la tienda de Videojuegos que solía pasar antes de comenzar la Universidad. Este es un tipo bien parecido, cercano al 1, 90 de altura, de cabello corto y ondulado, y con los incisivos ligeramente separados (rasgo característico con que lo recordábamos al momento de identificarlo) Lucía esta ocasión un pantalón de tela oscuro y una formal camisa. Quien iba a pensar que luego de cerca de 10 años se vestiría así. Recuerdo sus grandes polerones canguro y sus pantalones adidas.
Mi Historia no trata en realidad de él, más bien de su negocio y las peripecias que viví como joven y en parte adolescente recién encaminándose en este mundo de videojuegos.
La tienda de Juegos era un lugar pequeño ubicado en una galería, en la primera planta tenía 2 televisores grandes con una Xbox 360 cada una (de esas que se le prendías luces rojas…) parte del muro de vidrio estaba cubierto ordenadamente de cientos de portadas de juegos de Ps2, Wii, Gamecube, los cuales ya comenzaban a volverse borrosos por acción del tiempo. Al interior no había mayor decoración que algunos posters de videojuegos y futbolistas, de manera bastante desordenada. Cabe destacar que alrededor de la ampolleta había varios puestos en el techo. Nunca entendí el patrón o sentido de tenerlos ahí. En el segundo nivel donde había más espacio solo había PS2, rara vez subía pues generalmente iba a jugar XBOX y no tenía mucho interés en jugar PS2, pues yo en mi computador había logrado una emulación óptima de esta. Un detalle importante es que todo el negocio tenía solamente sillas plásticas de Coca Cola, las cuales convertían mi espalda en un tsunami y en verano mis poleras se pegaban a esta.
Los días viernes luego del Instituto, íbamos con mi mejor amigo por alguna promoción de completos y bebida, para prepararnos para nuestra ansiado momento en que podríamos jugar Resident Evil 5. Solamente podía ser el día viernes, pues era el único que nuestros horarios coincidían.
Al entrar al pequeño negocio era fijo que estaríamos unas 2 horas sentados matando majinis. Es divertido el pensar que jugamos el juego pero nunca conseguimos entender mayormente la historia porque jugábamos de manera aleatoria los capítulos. Historia que recién vine a entender 1 año después cuando otro amigo llego con su notebook nuevo a quedarse a mi casa, donde luego de la primera maratón de videojuegos (hasta las 7 am) pude terminarlo en orden.
Y era así como sucedía cada viernes.
Una vez fui con otro amigo el cual no tenía mucho interés en los Survival Horror cooperativos, así que estuve jugando 1 hora PES en el ya nombrado segundo piso. “Yo soy del pueblo, yo juego play…”dijo mi amigo luego del veinteavo gol que me asestaba.
En cierta ocasión el dueño (nombrado anteriormente por sus dientes separados) quien no destacaba por lo general ser muy comprensivo con nosotros, le solicitamos que nos dejará jugar un poco más. Luego de preguntarle cuanto llevábamos… él nos dijo “Ustedes me pidieron que los dejara jugar…” Así que ese día la cuenta salió un poco abultada.
En otra ocasión al vernos pasar por fuera y mirar los juegos salió conversarnos y hacernos una pregunta que jamás olvidaremos, “Amigos, ¿ustedes juegan Guitar Hero?” Mi mejor amigo se imaginó a él con una pañoleta y chaqueta de cuero, y a mi con hombreras de puntas y maquillaje negro en la cara. En nuestra vida habíamos jugado juegos de digitación…
Ya luego en la universidad, y sin mayormente con quien jugar (mi amigo se había ido a otra ciudad) me dedique a jugar en mi pc y explorar que podía conseguir aún más en la emulación.
Alguna vez pise el negocio en compañía de alguno de mis nuevos compañeros donde se rieron de conocer una faceta tan lúdica del acartonado yo.
Celebre fue el día cuando luego de una desastrosa presentación la cual casi me costó un ramo en primero, me fui solo con dirección a ese lugar, todavía vistiendo la “cómoda” ropa formal. Y luego de varios improperios y un rato jugando me sentí ya mejor.
Eran otros tiempos. Estos locales proliferaban por las ciudades, donde jóvenes luego de la escuela o la media solían darse una vuelta. En la época en que tener una consola era un lujo muy exótico, estas tiendas fueron oasis donde poder disfrutar de aquellas cosas que veíamos en revistas o se popularizaban de boca en boca.
Ya con el pasar de los años tener cualquier consola de juegos no era para nada raro, tu vecino, tu primo y tú mismo podías tener los juegos, ya que estos eran accesibles y el mercado de segunda mano era una opción
Esto provocó el declive que ha llevado hasta el momento actual que estos negocios sean solo 1% de lo que fueron.
El negocio del joven de dientes separados fue cerrado antes que terminará la universidad. Ya no se vieron más jóvenes tras sus vidrios ni sus descoloridas portadas de videojuegos.
¿Cuántos amigos habrán nacido en esos lugares?, ¿Cuántas conversaciones se dieron en ese pequeño rincón de la ciudad?, ¿A qué se dedicará el tipo de los dientes separados ahora?, ¿extrañara su tienda tanto como yo al pasar por ahí?...
Pero en el disco duro de todos los que vivimos este fenómeno de las tiendas de videojuegos, quedaran esas tardes donde para matar el tiempo tenías que ver a los otros jugar y mirar la hora seguido.
En memoria a todos los que pagaron una hora de juegos con monedas…




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